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Publicación Original del 21 de abril de 2025

Una historia real sobre el miedo a “gastar lo valioso” y cómo la neurociencia explica lo que sentimos al postergar el disfrute.

Hace unos días me detuve a observar un gesto muy simple de mi hija menor. Ella ama las calcomanías (stickers), y las coloca en los lugares más inesperados: la manigueta de la ducha, la ventana de la cocina, mi computadora, las paredes del cuarto de su nana. Y lo más especial es que lo hace con intención: como una forma de recordarnos que piensa en nosotros, que quiere ayudarnos, que nos ama, y que está presente.

Y entonces me di cuenta de algo: su forma de dar amor libremente me conmueve… Y, honestamente… También me incomoda.

🙁 ¿Por qué me incomoda?

Pues, porque me recuerda a mí misma a su edad -— y aún ahora — cuando tenía mis propios stickers y no me sentía capaz de usarlos. Me limitaba a guardarlos. No quería “gastarlos”, no sabía dónde pegarlos, tenía miedo de que se acabaran o de usarlos “mal”. Y en mi intento de proteger lo valioso, ni los disfrutaba, ni los usaba, ni los conservaba para siempre; solo me quedaba con la sensación de no haber hecho nada.

Esto, que parece una simple anécdota infantil, me abrió las puertas a una reflexión inesperada:

  • ¿Cuántas veces en la vida adulta seguimos operando desde ese mismo lugar de miedo y escasez?
  • ¿Cuántas veces postergamos o nos negamos el disfrute?
  • ¿Es por el miedo a que se acabe, a equivocarnos o a no merecerlo?

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro está constantemente evaluando amenazas y recompensas (Sistema de Detección de Amenazas Recompensas) y, además, existe un sesgo natural hacia la protección: preferimos conservar lo que tenemos, aunque sea simbólico, antes que arriesgarnos a perderlo.

Este fenómeno, conocido como aversión a la pérdida, ha sido ampliamente estudiado en neuroeconomía, investigaciones como la de Tom et al. (2007) muestran que regiones como la ínsula, la corteza prefrontal ventromedial y la amígdala se activan ante decisiones que implican posibles pérdidas.

Estas áreas forman un circuito que reacciona más intensamente ante la posibilidad de perder que ante la de ganar — lo cual explica por qué muchas veces evitamos gastar, usar o mostrarnos, incluso cuando hacerlo podría hacernos bien.

Ahora, liderar no es solo tomar decisiones importantes o manejar equipos; también es permitirnos a nosotros mismos el permiso de vivir plenamente, de usar nuestros stickers, de regalarnos un perfume cualquier lunes, de no esperar a que algo sea perfecto para disfrutarlo.

Así que hoy, mi hija me enseñó una lección de liderazgo: el amor no se guarda, se reparte.

🎁 Los stickers están para usarse.

🧴 Y el perfume, aunque se acabe, vale más en la piel que en el frasco.

¿Te animas a liderar desde el disfrute?

Te invito a un pequeño reto: esta semana, usa algo que sueles guardar “para después”. Una taza especial, una vela bonita, una playlist, un perfume. Y cuando lo hagas, repítete: “Hoy soy razón suficiente para disfrutarlo.”

🧠 Tu cerebro lo va a notar.

💖 Y tú ser interior, también.

¿Te resonó esta historia? Te invito a que sigamos conectados en mis redes sociales para no perderte los próximos posts y videos @mariseldeyau.

Gracias por leer hasta acá y atreverte a liderar también desde el disfrute.

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