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Publicación Original del 2 de junio de 2025

Te contaré conversaciones reales que he compartido con personas brillantes y comprometidas, pero enfrentadas a una verdad MUY incómoda:

Liderar no siempre se trata de saber hacer, sino de saber ser.

Aquí te comparto las tres historias reales que lo ilustran:

  • Un joven universitario que quiere dejar huella positiva en su comunidad, pero se frustra al no lograr que otros se comprometan con la causa (la visión).
  • Una profesional de altísimo perfil técnico que, a pesar de su entrega y formación, terminó la relación con su empleador tras una experiencia laboral hostil, donde sus diferentes roles (el familiar, el personal, e inclusive “el ser mujer) jugaron en su contra.
  • Otra de un profesional talentoso y muy bien preparado, que inclusive demuestra excelentes niveles de cumplimiento de metas, pero es despedido dos veces consecutivas por problemas de comunicación con su equipo, hasta el punto de llevarlos al “burn out”.

“Son historias distintas que tienen algo en común: el liderazgo no está fallando por falta de esfuerzo, sino por lo que no logran ver dentro de sí mismos.”

Y así surge en ellos una misma pregunta: ¿Por qué, si estoy haciendo «todo bien», no logro el impacto que deseo como líder?

Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla, lo bueno es que contamos con el Neuroliderazgo, que nos ofrece claves científicas para comprender que liderar es más que una habilidad que se expresa hacia afuera, es una experiencia que comienza dentro de nosotros.

Aquí te comparto tres claves importantes para que reflexiones y apliques:

1. Liderar duele cuando no nos sentimos aceptados. El cerebro humano reacciona ante el rechazo social de manera muy similar al dolor físico.

Esto significa que cuando sentimos que “no pertenecemos”, que nuestras ideas no son valoradas o que no logramos conexión con las personas de nuestro equipo o empresa, se activan zonas cerebrales asociadas al sufrimiento.

Eso nos puede llevar a desconectarnos o a sobrecompensar, afectando nuestra efectividad.

Psst… al final tengo un regalo especial para ti. Sigue leyendo, vale la pena.

2. Tu presencia habla antes que tus palabras. Muchas veces creemos que liderar es tener las respuestas o la estrategia correcta.

Pero el liderazgo verdadero ocurre en lo invisible: cómo hacemos sentir y qué emociones generamos a nuestro alrededor, cuán seguros o inseguros se sienten otros en nuestra presencia.

Esto lo podemos observar… pero también entrenar.

3. El espejo del liderazgo: feedback sin anestesia. Liderar siempre nos devuelve información sobre nosotros.

El reto está en usar esa información con apertura, sin caer en la trampa del juicio o la victimización.

  • ¿Qué puedo aprender sobre mí a través de esta experiencia que estoy viviendo?
  • ¿Qué patrón se repite?
  • ¿Dónde necesito crecer para no reaccionar desde la herida, mas bien responder desde la madurez?

El liderazgo no es el lugar desde donde se manda; es el espacio desde donde nos podemos transformar primero, para poder luego acompañar en el proceso de transformación a los que nos rodean.

Porque la primera transformación siempre empieza en nosotros mimos.

Hoy te dejo esta pregunta: ¿Qué parte de ti necesita ser mirada para que tu liderazgo florezca con autenticidad?

PD: ¿Conoces a alguien que esté enfrentando una etapa de redefinición profesional o personal? Comparte este newsletter con esa persona.

A veces, una pregunta puede abrir las puertas del potencial de una persona.

Con todo mi aprecio,

Dra. Marisel de Yau, ACC

Tu mentora en Liderazgo con Propósito

Fundadora & Directora Ejecutiva Talento con Propósito ACADEMY Neuroliderazgo y Estrategia Empresarial

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