Publicación Original del 22 de septiembre de 2025
En cada programa de liderazgo o líder coach que facilito, hago una pregunta sencilla:
👉 “¿Qué características crees que te definen como líder?”
La tendencia es clara; alrededor del 80% de las respuestas son positivas.
Escucho palabras como alegre, empático, colaborador, positivo, responsable, creativo. Y está muy bien, esas son cualidades deseables en cualquier líder. Sin embargo, también reflejan algo común; muchas veces mi autopercepción o autoimagen no se corresponde con la forma real en la que actúo; y tampoco coincide del todo con lo que los demás perciben de mí.
La brecha entre lo que decimos y lo que demostramos
Es frecuente encontrar en los diagnósticos de liderazgo 360° que aplico (como el TrustLead Index©), que este fenómeno se repita:
- Algunos líderes se autoevalúan más alto que sus pares y colaboradores.
- Otros, al contrario, se subestiman frente a la mirada externa.
Y en ambos casos la lección es la misma; lo que creemos ser y lo que los demás experimentan de nosotros no siempre coincide.
Dato curioso: En los últimos cien años se han publicado más de 32,000 artículos académicos y 4,500 libros sobre liderazgo, muchos de ellos tratando de responder la pregunta: ¿Qué características hacen a un buen líder?
Esto refleja la magnitud de la búsqueda colectiva por entender algo que, como vemos en la práctica, no siempre es evidente ni uniforme: la coherencia entre cómo me describo y cómo lidero.
El riesgo de quedarnos en la autoimagen
No se trata de criticar esas características positivas que compartimos. Todos queremos ser optimistas, empáticos o inspiradores.
El verdadero reto es no quedarnos solo en la autoimagen, sino traducirla en comportamientos visibles y coherentes.
No basta con decir “soy empático” o “soy positivo”.
La pregunta real es:
👉 ¿Mi equipo lo percibe así?
👉 ¿Qué evidencias observables sostienen esa empatía?
De la autoimagen al liderazgo consciente
El verdadero crecimiento del líder empieza cuando pasamos de la declaración a la acción consciente:
- Autoexamen con humildad: Reconocer que puedo estar sobrevalorando (o subvalorando) mi liderazgo. Preguntarme: ¿Qué pruebas concretas tengo de que realmente soy así?
- Coherencia activa: Convertir cada característica en un comportamiento específico. Ejemplo: “Soy positivo” = Ante una crisis, mi primera reacción es proponer opciones en lugar de quejarme.
- Feedback consciente: Escuchar atentamente lo que otras personas tienen que decir (colegas, mentores, equipo, clientes), o sea, ampliar mi perspectiva para ajustar mi percepción a la realidad.
Liderar con Propósito es liderar con evidencia
El liderazgo que inspira confianza necesita más que palabras para sostenerse; necesita actos (Acciones COM – Concretas, Observables y Medibles):
- La coherencia de alinear lo que digo con lo que hago.
- El optimismo que se mantiene incluso en la dificultad.
- La presencia que permite estar realmente disponible para mi equipo.
Te invito a que pongas este mini plan de acción a partir de ahora: La próxima vez que respondas a la pregunta “¿Qué características crees que te definen como líder?”, acompáñala de un ejemplo concreto que otros puedan reconocer.
Ese es el primer paso hacia un liderazgo consciente, con propósito y con impacto real.
Si quieres dar el salto de la autoimagen al liderazgo consciente, te acompaño con herramientas prácticas de coaching y formación para líderes.
Escríbeme y diseñemos juntos un proceso que convierta tus características en acciones observables que generen confianza y resultados en tu equipo.
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Marisel de Yau, DBA, ACC
Executive Director & Founder
Marisel de Yau, Talento con Propósito | Talento con Propósito ACADEMY
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